
La fresa potencia las funciones del hígado y la vesícula biliar y es un remedio tradicional para tratar la gota, la artritis y las piedras en el riñón.
Extremadamente ricas en antioxidantes, las fresas contienen acido elágico, que frena los cambios celulares que conducen al cáncer. Son una buena fuente de vitamina C y, por lo tanto, contribuyen a combatir las infecciones y los problemas cardiovasculares. Su alto contenido en hierro las convierte en un buen aliado contra la anemia y la fatiga. Las fresas son un laxante suave y un antibacteriano y colaboran a la regeneración de la flora intestinal. También pueden disolver el sarro de la dentadura.




